FUERA LOS SECONDS, PRIMER ROUND!Con esta célebre frase, el pugilismo nacional ha pasado por altos y bajos los últimos 30 años. Por supuesto nos acordamos de Martín y sus célebres knockout con el gancho de zurda, la mayoría con rivales algo empaquetados, pero igual valían. "Tira las manos Martín", nos permitió a varios envalentonarnos para ponernos de frente a un saco de combos, que a veces iban y venían, y otras sólo venían (parque Providencia, Dic. 1986).
Nuestro curso no estuvo al margen del pugilato, aunque fueron pocos los episodios de ira. Unos de ellos nos vino hace poco a la memoria, de la boca misma de uno de sus protagonistas.
- Cuéntanos Mono, cómo fue el episodio:
Bueno, me acuerdo que fue en un cambio de hora, en la sala que tuvimos en tercero y cuarto medio, cerca de la oficina del rector. El libro de clases estaba abierto sobre el escritorio del profe y yo quería ver unas notas.
- ¿Te acercaste al libro?
Sí, aunque no fui el único. Todos querían ver las notas que nos habían puesto en algún ramo, no me acuerdo bien, pero eso da lo mismo. El cuento es que estábamos todos apretados cachando las notas…
- Disculpa Mono, pero ¿podrías ser más preciso? ¿Alguien te acosó o te corrió mano cuando te hiciste parte del montón?
No, tai hueón, na que ver. Si hubiera sido eso me habría quedado piolita (N. de
- Por supuesto, dale nomás.
Ya poh, estábamos ahí, cachando las notas y de repente me llegó un “cacha mal”. Me pilló desprevenido, pero la mano era pesada así es que descarté al Paquete y a Sotito, porque tenían las manos chicas. Podría haber sido Alvarito, pero a ese hueón no le preocupaban las notas. El Pato Ilabaca estaba tocando guitarra, así es que tampoco era.
- Mono, tenemos poco tiempo. ¿Quién chucha te pegó el cacha mal?
Fue el negro Marelo.
- ¿Y por qué estai seguro? El Negro no mataba una mosca.
Eso mismo pensaba yo, pero el único que estaba cagado de la risa era él y los otros mafiosos amigos suyos.
- ¿Te refieres a
No, bueno, eh, claro, pero no todos, sólo algunos.
- ¿Cuántos exactamente?
Puta, no sé, como 3 ó 4, ó 5, vos cachai poh!
- No, no cacho, pero tenís que ser más preciso. Si no la entrevista pierde objetividad.
Ya hueón, entonces eran el maricón del Punto, el vagoneta del Talo, el chuchesumadre del Lalo…
- Para, para, tampoco es la idea que te vuelvan los fantasmas a
Lo que pasó es que yo lo miré, el me miró (N. de
- Ah, te fuiste en mala.
Si poh, tenía que hacer algo. Ya estaba en eso y no había vuelta atrás.
- Pero podrías haberle dicho algo.
No, no podía. El duelo ya estaba en curso. Sólo tenía dos opciones. Enfrentarlo, o ser el hazme reír del curso. Opté por lo primero.
- ¡Notable Mono! ¿Y el Negro qué hizo?
Se puso en guardia poh, cachó que yo estaba decidido a meterle un mawuashi.
- ¿Un ma qué?
Washi… una patá poh, aweonao. Viste que yo era karateca en ese entonces.
- Ah, o sea que tenías ventaja.
Eso pensaba yo, pero el Negro quería entrar a la Naval y se estaba preparando físicamente. Yo lo había visto entrenar y estaba durito (N. de la R. Mmmm!).
- ¿Te refieres a que tenía exceso de testosterona?
No sé, algo así, pero el punto es otro.
- ¿Qué tiene que ver el Punto en este entierro?
No, no, el Punto no, chucha déjame contarte.
- Bueno, pero no te enojes. Continúa por favor.
Ya, el Negro se acercó y me pegó un convoy, pero medio maleta. Me tiró una mano cerca de la oreja y no logré esquivarla por completo. Igual me dolió, pero no tanto como si me la hubiera puesto en ‘lohcico.
- ¿Ahí le tiraste el maracashi?
Mawashi, aweonao. Sí poh, ahí me acordé de Sam, el rey del Judo y de Kung fú, mi héroe. Le tiré una patá voladora y lo dejé tirado. Después nos separaron y quedamos empatados, entre el convoy en la oreja y
- ¿Tuviste temor por las represalias?
Sí, un poco, pero no pasó nada. Yo estuve toda la hora pensando que me iba a estar esperando a la salida, pero el cuento quedó ahí y nunca volvimos a irnos a las manos.
- ¿Y ya está superado el entuerto?
Totalmente, sólo fue la calentura del momento. Después carreteamos un par de veces. Incluso una vez salimos con el Negro y el Talo y conocimos a unas minas. Ellas eran dos y nosotros tres. Nos fuimos en micro y yo me bajé en Plaza Italia. El Talo salió con polola y finalmente se casó con ella. Creo que después de eso, todo quedó saldado con la historia. Igual la mina del Talo estaba bien rica.

